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Del dato histórico al pensamiento crítico: enseñar Historia en tiempos de inteligencia artificial

davidberped
hace 11 horas
4 min de lectura

El pasado 15 de octubre tuve la oportunidad de participar como ponente en el coloquio online «Enseñar y aprender Historia en tiempos de IA», organizado por el Proyecto de Innovación Docente «Haciendo HistorIA» y VirtUVa, de la Universidad de Valladolid. Este encuentro constituyó un espacio de reflexión e intercambio de experiencias sobre los retos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial en la enseñanza y el aprendizaje de la Historia. Mi intervención, titulada «Del dato histórico al pensamiento crítico: uso de la inteligencia artificial para crear actividades competenciales en Historia», se centró en la necesidad de repensar nuestras prácticas docentes ante la irrupción de la IA generativa, poniendo especial atención en el diseño de actividades que favorezcan el pensamiento crítico, el análisis de fuentes históricas y el aprendizaje significativo del alumnado.



¿Qué sentido tiene seguir pidiendo a nuestros estudiantes tareas que una inteligencia artificial puede resolver en cuestión de segundos? Esta fue una de las preguntas que planteé durante mi intervención en el coloquio Enseñar y aprender Historia en tiempos de IA, en la que compartí algunas reflexiones y experiencias sobre los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial generativa en la enseñanza de la Historia.

La comunicación, titulada «Del dato histórico al pensamiento crítico: uso de la inteligencia artificial para crear actividades competenciales en Historia», partía de una idea fundamental: la incorporación de la IA a nuestras aulas no debería limitarse a introducir una nueva herramienta tecnológica, sino que debería llevarnos a reconsiderar qué enseñamos, cómo lo enseñamos y, especialmente, cómo evaluamos el aprendizaje de nuestro alumnado.


Entre la innovación y la incertidumbre

Como punto de partida, presenté algunos resultados del estudio Entre la innovación y la incertidumbre: usos y percepciones del profesorado de Castilla y León ante la inteligencia artificial generativa (2026), en el que tuve la oportunidad de participar.

Los resultados reflejan una realidad interesante: mientras que el 59 % de los docentes encuestados utiliza la IA para elaborar materiales didácticos, el 80 % manifiesta una preocupación considerable por sus posibles efectos sobre el desarrollo de las competencias del alumnado. Sin embargo, un 52 % reconoce no haber introducido cambios en sus procedimientos de evaluación.

Estos datos ponen de manifiesto una contradicción sobre la que merece la pena reflexionar: estamos incorporando la inteligencia artificial a nuestra práctica docente, pero ¿estamos transformando realmente nuestra manera de enseñar y evaluar?


¿Qué Historia enseñamos y qué Historia queremos enseñar?

La enseñanza de la Historia siempre ha requerido mucho más que memorizar fechas, personajes o acontecimientos. Comprender el pasado implica analizar fuentes, contextualizar procesos, identificar diferentes perspectivas, establecer relaciones causales y construir interpretaciones fundamentadas.

La aparición de la inteligencia artificial hace todavía más evidente esta necesidad. Si nuestros estudiantes pueden obtener una explicación perfectamente redactada sobre cualquier acontecimiento histórico en unos segundos, el verdadero valor educativo ya no puede residir exclusivamente en reproducir esa información.

Debemos avanzar hacia actividades que exijan al alumnado formular preguntas, contrastar afirmaciones, reconocer sesgos y justificar sus conclusiones.


Una experiencia personal: repensar una revista digital de Historia

Durante la comunicación recuperé una experiencia que desarrollé hace aproximadamente doce años con estudiantes de 1.º de Bachillerato: la creación de una revista digital sobre acontecimientos y procesos históricos de los siglos XIX y XX.

En aquel momento, investigar, seleccionar información, redactar artículos y publicarlos en Internet constituía una propuesta que permitía trabajar diferentes competencias y ofrecer al alumnado un producto con un destinatario real.



Hoy, sin embargo, difícilmente repetiría aquella actividad exactamente igual. La IA puede generar artículos completos en segundos, de modo que la calidad del texto final ya no garantiza que se hayan desarrollado los aprendizajes que pretendíamos.

¿Significa esto que debemos abandonar este tipo de proyectos? En absoluto. Lo que necesitamos es rediseñar el proceso de aprendizaje.

La revista podría seguir siendo el producto final, pero sería necesario incorporar la justificación de las fuentes utilizadas, el contraste de interpretaciones, la revisión crítica de los contenidos generados por IA y la defensa de las decisiones tomadas por los estudiantes.


Tres propuestas para transformar las actividades de Historia

A partir de esta experiencia, presenté tres ejemplos que ilustran diferentes posibilidades de integración educativa de la inteligencia artificial:

1. De recibir una explicación a investigarla y discutirla. En lugar de pedir al alumnado que reproduzca una explicación histórica, podemos proporcionarle una respuesta generada por IA y convertirla en objeto de investigación. Los estudiantes deben identificar sus afirmaciones, buscar evidencias y contrastarlas con fuentes históricas.

2. Conversar con un personaje histórico: Ada Lovelace. Mediante un juego de rol conversacional desarrollado con IA, el alumnado puede interactuar con una simulación de un personaje histórico. La actividad permite adoptar un papel activo en el aprendizaje, pero también exige distinguir entre hechos documentados, inferencias y reconstrucciones imaginadas.



3. ¿Podemos confiar en lo que nos cuenta la IA sobre la Guerra Civil española? Esta propuesta plantea utilizar las explicaciones generadas por IA como punto de partida para elaborar un informe de verificación histórica. No se trata únicamente de encontrar errores, sino también de detectar omisiones, simplificaciones, interpretaciones discutibles o relatos aparentemente neutrales que pueden ocultar la complejidad de los procesos históricos.

Las tres propuestas comparten una misma finalidad: desplazar el protagonismo del producto final al proceso intelectual que desarrolla el estudiante.


Enseñar a pensar en tiempos de IA

Una de las principales conclusiones de la comunicación fue que integrar la inteligencia artificial en la enseñanza no significa utilizarla constantemente ni renunciar a metodologías tradicionales que siguen teniendo un enorme valor educativo.

Significa, ante todo, tomar decisiones pedagógicas conscientes.

La IA puede ayudarnos a diseñar experiencias de aprendizaje más participativas, generar situaciones de investigación o facilitar el acceso a diferentes perspectivas. Pero no puede sustituir la responsabilidad del docente de definir los objetivos educativos ni la del alumnado de construir su propio conocimiento.

Del mismo modo, si queremos evaluar aprendizajes significativos, necesitamos prestar mayor atención a los procesos: las preguntas formuladas, las fuentes consultadas, los argumentos desarrollados, las revisiones realizadas y la capacidad de justificar las conclusiones.

En definitiva, la inteligencia artificial nos sitúa ante una oportunidad para revisar algunas prácticas que ya necesitaban una transformación antes de su aparición.


Porque, en tiempos de inteligencia artificial, enseñar Historia no consiste únicamente en transmitir mejores respuestas, sino en enseñar a formular mejores preguntas, contrastar la información y construir interpretaciones propias basadas en evidencias.

 
 

Portfolio de David Berrocal

Profesor de Geografía e Historia

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